Siempre le había gustado buscar la belleza en las pequeñas cosas a las
que la mayoría de la gente no prestaba atención, pero ella siempre había
pensado que quien tenía la capacidad de encontrarla en lo cotidiano antes que
en lo sublime, estaba más cerca de alcanzar la felicidad.
Así que las salidas a la compra o al trabajo durante ese invierno tan
duro y frío ase convirtieron en una especie de juego, buscando algo hermoso
donde el resto de las personas sólo encontraban un motivo de queja. Y mientras
los demás sólo veían nieve, hielo, caídas, las bajas temperaturas, ella veía
algo infinitamente más divertido…
Por ejemplo, descubrir las farolas de Mariatorget protegidas por una
capa de coloridas fundas de ganchillo que le hacían imaginar a un grupo de adorables
abuelas suecas tejiendo mantas para que las farolas estuvieran calentitas…
O descubrir que el diseño sueco no sólo se limitaba a IKEA,
sino que se extendía también a objetos cotidianos, como las bicicletas que
esperaban en la calle la llegada de la primavera.
Allí donde las demás personas veían peligrosas placas de hielo,
ella veía la posibilidad de practicar deportes de invierno en una pista de
patinaje urbana.
Descubrió
la belleza etérea y cristalina de las cascadas y los nidos de hielo...
Aunque lo que de verás ponía cada día una sonrisa en su cara
era salir pronto de casa y ver a la nieve, perezosa, todavía durmiendo en los
bancos de la calle, sin ganas de levantarse… :-D








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