lunes, 20 de abril de 2020

Hielo, invierno y adorables viejecitas suecas


Siempre le había gustado buscar la belleza en las pequeñas cosas a las que la mayoría de la gente no prestaba atención, pero ella siempre había pensado que quien tenía la capacidad de encontrarla en lo cotidiano antes que en lo sublime, estaba más cerca de alcanzar la felicidad.

Así que las salidas a la compra o al trabajo durante ese invierno tan duro y frío ase convirtieron en una especie de juego, buscando algo hermoso donde el resto de las personas sólo encontraban un motivo de queja. Y mientras los demás sólo veían nieve, hielo, caídas, las bajas temperaturas, ella veía algo infinitamente más divertido…

Por ejemplo, descubrir las farolas de Mariatorget protegidas por una capa de coloridas fundas de ganchillo que le hacían imaginar a un grupo de adorables abuelas suecas tejiendo mantas para que las farolas estuvieran calentitas…



O descubrir que el diseño sueco no sólo se limitaba a IKEA, sino que se extendía también a objetos cotidianos, como las bicicletas que esperaban en la calle la llegada de la primavera.






Allí donde las demás personas veían peligrosas placas de hielo, ella veía la posibilidad de practicar deportes de invierno en una pista de patinaje urbana.



Descubrió la belleza etérea y cristalina de las cascadas y los nidos de hielo...






Aunque lo que de verás ponía cada día una sonrisa en su cara era salir pronto de casa y ver a la nieve, perezosa, todavía durmiendo en los bancos de la calle, sin ganas de levantarse… :-D








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