En el trabajo. Qué calor, ¡cómo es posible, estamos en enero!
Hola Daniel, pasa, pasa. ¿Qué te ocurre? Que tengo una sensación horrible de
estar ardiendo. A ver, déjame que te toque la frente. Tienes fiebre. Que no.
Que sí. Espera que te traigo un vaso de agua. Bebe. Vengo dentro de un rato a
comprobar si te has bebido toda el agua. ¿Madre mía, qué horror este calor que
no se pasa… Has bebido? No. Bebe. Qué pesado eres. Nunca te había visto así,
dan ganas de cuidarte. ¡Ni se te ocurra! Debe ser tremendo ser tu pareja en
estas situaciones, uno quiere cuidarte y tú no te dejas. Me voy a casa, estoy
hirviendo. ¿Necesitas algo? ¿Necesitas que vaya a hacerte la compra? Cuando uno
está enfermo, no suele tener fuerzas. No hace falta, de camino a casa compro
algo. ¿Por qué no me extraña? Eres una cabezota, Que sí, pesado. ¿Te vas a
acordar de regarme las plantas del despacho o tengo que llamarte desde el lecho
del dolor para recordártelo? Es ella, débil y enferma pero aún fuerte, pero
sigue siendo ella, no hay duda. Cuídate. Gracias. Luego te llamo. Eres un amor,
qué suerte tengo de tener un compañero como tú, que pases un buen fin de
semana, nos vemos el lunes. Cuídate y no te olvides de beber. Eres un amor. Y
un pesado. Beso.

0 comentarios:
Publicar un comentario